domingo, 3 de agosto de 2008

ATOCHA (Ron preparado)




El 'ron' es una bebida alcohólica que se obtiene a partir de la caña de azúcar por fermentación, destilación y envejecimiento, generalmente en barricas de roble. Esta bebida se menciona por primera vez en documentos de origen nazarí (antiguo reino de Granada), pero con mayor consistencia, por su fama entre los marineros, en documentos provenientes de Barbados en 1650. Se le llamaba "kill-devil" ('mata-diablo'). La primera mención oficial de la palabra "rum" aparecen en una orden emitida por el Gobernador General de Jamaica con fecha 8 de julio de 1661.

Al terminar la Guerra de Cuba entre Estados Unidos y España, en la cual Cuba paso del dominio español a ser colonia norteamericana, los soldados estadounidenses llevaron Coca-Cola a la isla donde la mezclaron con Ron. Como recién Cuba había sido "liberada", llamaron a esta bebida cuba libre

En el "Rincon del Bucanero"de nuestro local podreis encontrar mas de 20 variedades de esta bebida tan internacional.

INGREDIENTES:
Ron
Hielo
Naranja y limon en rodajas
2 granos de café
Canela molida al gusto.
+ Refresco de cola, limon, naranja, lima...

jueves, 3 de julio de 2008

CONTRALUCES Y SOMBRAS DE VIDRIO


"La realidad depende del cristal a través del que se mira. Incluso se puede distinguir una realidad dentro de otra. El reto es captar el momento de irreal realidad"
MIRIAM BORDERA

miércoles, 2 de julio de 2008

SU MIRADA, AUMENTANDO EL MUNDO
























SU MIRADA, AUMENTANDO EL MUNDO


Así describe el perseguido a la mujer del pañuelo. El perseguido es un fugitivo, condenado a cadena perpetua, que ha llegado a una isla desierta en algún lugar del Pacífico Sur. La mujer del pañuelo es (fue, será) Faustine, su gran amor.

Ambos protagonizan, junto a otros personajes, La invención de Morel, una novela de amor y soledad contada con los recursos de la ciencia-ficción, que fue publicada en 1940 y que desde entonces se ha convertido en un texto casi mítico, un ejemplo clásico de la literatura fantástica en idioma español, mucho más grande para nuestras letras de lo que su extensión (126 páginas en la edición de Alianza Editorial) haría suponer.

El escritor argentino Adolfo Bioy Casares, autor de la obra, consideró que las primeras palabras de esta novela («Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro.») debían tomarse también como las primeras de su producción literaria: «Tengo seis libros anteriores que creo que son los peores seis libros del mundo», comentó en alguna ocasión, y siempre se negó a su difusión o a comentarlos.

Jorge Luis Borges, íntimo amigo y colaborador de Bioy, apadrinó La invención de Morel con un prólogo que ya resulta inseparable de la propia novela, y del que destacaré dos momentos significativos que desde luego comparto. Habla Borges: «El temor de incurrir en prematuras o parciales revelaciones me prohíbe el examen del argumento y de las muchas delicadas sabidurías de la ejecución».

Creo que así debe ser. No hay que revelar apenas nada de la novela, porque aunque a los sesenta y ocho años de su publicación es ya suficientemente conocida, es también uno de esos libros que casi nos hace sentir envidia de quienes no lo han leído aún y van a poder experimentar por primera vez, si así lo desean, el asombro de adentrarse sin apenas referencias en su belleza rara e inquietante.

Y acaba Borges su prólogo: «He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.»

La invención de Morel es, en efecto, una novela perfecta. De amor y soledad, como ya señalamos, pero también de fantasía, de aventura, de reflexión sobre la inmortalidad y sobre las fronteras entre lo real y lo aparente.

De manera sabiamente premonitoria (no olvidemos cuándo fue publicada la obra), Bioy nos hace pensar en la fascinación que produce la tecnología: envuelve al fugitivo protagonista, y a nosotros con él, en imágenes sugerentes y devoradoras, de cuyo poder de seducción ya no está claro que sepamos (o ni siquiera que queramos) escapar.

En cualquier caso, ya veamos en ella una fábula de amor trágico, o una especulación sobre los límites entre el mundo real y el virtual, o bien la sagaz mezcla de ambas cosas, La invención de Morel nos va a llevar en volandas desde su milagro inicial hasta la maravillosa y bellísima súplica con la que concluye.


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El marqués y su mujer
están contentos los dos:
ella se fue a ver a Dios,
y a él lo vino Dios a ver.

(Epigrama citado por Manuel Alcántara en su artículo Cantar derrota)


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ALGO DE LOS GRANDES, GRANDES


«Cualquier carretera», ha dicho Carlyle, «esa misma carretera de Entepfuhl, te llevará hasta el fin del mundo.» Pero el fin del mundo, desde que el mundo se ha acabado dándole la vuelta, es el mismo Entepfuhl de donde se ha partido. En realidad, el fin del mundo, como el principio, es nuestro concepto del mundo. Es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje. Por eso, si los imagino, los creo; si los creo, existen; si existen, los veo como a los otros. ¿Para qué viajar? En Madrid, en Berlín, en Persia, en la China, en ambos Polos, ¿dónde estaría yo sino en mí mismo, y en el tipo y género de mis sensaciones?
La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

(Fernando Pessoa: Libro del desasosiego, 347)

miércoles, 25 de junio de 2008

MI PRIMER ORGULLO


ESTE SÁBADO, DÍA 28 DE JUNIO A LAS 23h. CELEBRAREMOS CON VUESTRA ASISTENCIA EL "PRIMER ORGULLO EN LA FOIA". GAYS, BOLLOS, HETEROS Y CONFUNDIDOS: SOIS BIENVENIDOS!!!

jueves, 19 de junio de 2008

EXPOSICION JOSE TORRES.

Muestra de pinturas de Jose Torres, mas dos esculturas de madera del mismo autor.
Del 12 al 30 de Junio

lunes, 16 de junio de 2008

Caipiroska DI FRAGOLA




Es una variante de la caipiroska hecha a base de fresas naturales ( planta del género Fragaria, nombre que se relaciona con la fragancia que possen).

La composicion es sencilla :

2 o 3 fresas
2 sobres de azucar
1/3 de vozka
Hielo pile hasta completar

Se prepara directamente en un vaso old-fashioned machacando las fresas con el azucar, a continuacion se le añade el hielo y por ultimo la vodka.

Se sirve con pajita y cuchara, es un cocktail dulce y muy vistoso.

jueves, 5 de junio de 2008

IGNATIUS






















Ignatius es un antihéroe. Sin embargo, no tiene el prestigio ni la apariencia de otros antihéroes: es un treintañero obeso y bigotudo, desagradable, inadaptado, egocéntrico, que tiene serios problemas intestinales y se siente aterrado por la gente, por sus vecinos, por el trabajo, por la sociedad entera. Vive en Nueva Orleans con su madre, una anciana estrafalaria aficionada a los bolos y con una acusada querencia hacia las bebidas alcohólicas.

Ignatius es, claro, Ignatius J. Reilly, uno de los más memorables personajes del censo literario de todos los tiempos y el omnipresente protagonista de “La conjura de los necios”, la novela de John Kennedy Toole que toma su título de esta cita de Jonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

E Ignatius J. Reilly es, a su modo, un genio. A ratos repugnante, si se quiere; infantiloide, caprichoso y desquiciado, pero un genio que lucha por lograr un mundo mejor desde el ámbito reducido e inmundo de su habitación.

Medievalista en paro, vive en una época que no es la suya y en la que, según él, brillan por su ausencia la Teología, la Geometría, el Buen Gusto y la Decencia. Añora tanto el oscurantismo de la Edad Media como la organización de aquella sociedad, y escribe su ideario político-religioso en decenas de cuadernos “Gran Jefe” que esparce por su habitación con intención de recopilarlos un día y asombrar al mundo con la publicación de su gran obra maestra.

No obstante, se verá arrastrado cruelmente a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía borracha. Forzado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, irá conociendo a una multitud de personajes disparatados a los que el autor retrata con una mezcla de comicidad y amargura que acaba siendo angustiosamente real.

Ignatius J. Reilly es ya un clásico, un personaje construido magistralmente, hasta el punto de tener una estatua propia en la calle Iberville 800 de Nueva Orleans, ciudad natal del autor.

John Kennedy Toole se suicidó en 1969 porque su novela fue rechazada por una editorial tras otra. Tenía 31 años. Gracias al incansable peregrinar de su madre, Thelma Ducoing, y al ojo crítico del periodista Walker Percy, el texto se publicó en 1980, once años después. La reacción de los críticos fue unánime, y en 1981 ganó el premio Pulitzer.

“La conjura de los necios” es una novela desternillante y mordaz, un fresco social que caricaturiza lo cotidiano hasta extremos delirantes y provoca carcajadas con inquietante regusto amargo. Un libro de culto, ácido e insolente, tan genial como imprescindible.


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En un raro quietismo,
cuando el alma en reposo no sosiega,
salíme de mí mismo,
y el ánima andariega
no sé si fuese a Suecia o a Noruega.

(Jorge Llopis, “Las mil peores poesías de la lengua castellana”)

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ALGO DE LOS GRANDES, GRANDES








Y volviéndose a Sancho, le dijo:
─Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.
─¡Ay! ─respondió Sancho llorando─. No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire, no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver.

(Miguel de Cervantes: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, II, LXXIV)